Seis pasos atrás ni se te habría ocurrido
Markdown está bien. HTML está mejor. Presentando Tunelito.
Un agente me escribe un plan de 200 líneas en markdown —es su idioma— y lo puedo leer. Markdown está bien. El detalle es que 200 líneas de texto plano se leen hasta que dejas de leerlas; en algún punto empiezas a brincar párrafos.
Ese mismo agente puede entregarme el plan como una página interactiva: un control que muevo para ver cambiar un número, dos versiones lado a lado con un botón para alternarlas, un diagrama que se dibuja en lugar de describirse. HTML está mejor. Thariq Shihipar, del equipo de Claude Code en Anthropic, lo resumió como “la efectividad irrazonable del HTML”: que markdown sea la mejor forma para el agente no quiere decir que sea la mejor para el par humano-agente. Ese par necesita otra superficie, y HTML le sirve a los dos, cada quien por lo suyo. A mí, porque es visual: la entiendo de un vistazo, capturo lo que importa, le meto mano. Al agente, porque por debajo es puro texto —y de una tecnología tan vieja y establecida que la conoce mejor que casi cualquier humano; la escribe sin pensarla. Y, como dice él, me deja sentirme más dentro del loop con el agente. Por eso empecé a pedir las cosas en HTML.
Compartir ese HTML tampoco es problema. El agente lo puede escribir como un solo archivo .html que mando por correo o por Slack; la otra persona le da doble clic y lo abre en su navegador, en la compu o en el teléfono. Funciona. Compartir está bien. Lo incómodo es lo de siempre: ahora hay por lo menos dos archivos, el mío y el de quien lo abrió, y empiezan los “oye, en la sección 2, la tarjeta 3, escogí tal opción”.
Lo que hace Tunelito es simple: “hostea” ese HTML por ti desde tu computadora. No en GitHub Pages ni en S3/R2 —hoy hosteas HTML gratis en mil lados— sino de forma efímera, porque el artefacto es efímero: es un plan de algo que voy a construir, no algo que tenga que vivir para siempre, ni que tenga que versionarse, ni que yo tenga que regresar a borrar eventualmente. No quiero subir a un servidor algo que puede ser privado, ni quiero mantenerlo. Hostear está bien, pero si el artefacto es pasajero, el acceso también puede serlo. Tunelito utiliza Cloudflare tunnels —tecnología vieja, nada nuevo— para que todos veamos una sola copia viva. Nadie se queda con la versión que ya caducó al colgar el Zoom. Nada que hostear, nada que limpiar.
Encima de esa página, una capa delgada de comentarios. Cualquiera selecciona la frase exacta de la que habla y deja su nota ahí pegada. Se acabó “la tarjeta 3 de la sección 2”: el comentario ya sabe en qué parte del documento vive. Comentar también está bien.
Y todavía hay un paso más. Esos comentarios se guardan como un markdown junto al HTML, así que mi agente local —mi Claude Code, mi Codex, con la suscripción que ya pago, sin tokens de API extra, sin nada que deployar— los puede leer y actuar en consecuencia. Antes ese comentario se quedaba esperando a que yo hiciera la traducción manual: juntar las notas, convertirlas en cambios, pedirle al agente que editara. Así he trabajado siempre y no tiene nada de malo. Pero ahora no tiene que esperar. El agente corrige el dato que alguien marcó; si todos preferimos una versión, borra las otras y deja la que escogimos; si una frase no aterriza, propone otras y recarga la página ahí mismo.
Ese es el punto que me interesa. La llamada deja de ser una reunión donde acumulamos tareas para después. Se vuelve una sesión donde el documento cambia con nosotros.
Cada capa, por separado, ya estaba bien. Markdown está bien. HTML está mejor. Compartir el HTML está bien. Hostearlo está bien. El túnel está bien. Comentar encima está bien. Pero en cada escalón había un paso más, pequeño y razonable, y juntos te dejan en un lugar que seis pasos atrás ni se te habría ocurrido.
Tunelito, para mí, es una herramienta sobre superficies compartidas. Una página que el agente puede construir, el humano puede entender, el grupo puede comentar, y el agente puede modificar.
Dan Shipper le llama a esta dirección un sistema operativo para el trabajo mismo: un lugar donde tú y varios agentes usan la misma computadora al mismo tiempo. Y dice algo que me quedé masticando —entre más se aleja un agente del humano, menos vale. Una superficie compartida es, justamente, la forma de no dejar que se aleje.
Tunelito es atómico. Medio raro. Todavía está encontrando su forma. Pero apunta a una pregunta que me viene rondando: en la era de los agentes, ¿cómo deberían verse las superficies donde trabajamos juntos? No solo interfaces para humanos, no solo APIs para máquinas. Superficies mixtas: lugares donde una persona pueda juzgar, un grupo pueda conversar, un agente pueda leer, y el trabajo pueda cambiar sin perder el criterio que lo guía.
Eso es lo que Brasas y Nube intenta ser. Herramientas con alma. Tecnología como colaboradora. Superficies que preservan la autonomía humana y hacen que el oficio respire un poco más.
A lo mejor eso no es resolver un gran problema. A lo mejor es algo más humilde: tomar una situación que ya funcionaba y hacerla un poquito mejor.
Si quieres probar tunelito, la próxima vez que necesites iterar con tu agente pídele que presente su plan (o lo que sea en lo que estés trabajando) como un artefacto de HTML y te lo presente utilizando npx tunelito - tu agente se encargará del resto.
Pistas viene del mismo espíritu: otra herramienta atómica para que humanos y agentes trabajen mejor juntos. Les cuento en el siguiente post.


